Perdonen pero estoy de
perros hasta el cogote, y eso que les temo más que a una vara verde –una
mordedura de un pastor alemán de pequeño dio pie al trauma y la fobia-.
En este lugar de libre
opinión echo en falta, pero de verdad, los verdaderos problemas que nos
atañen, y no tanto los nacionales ya que hay gente más preparada para
rebatirlos sino los nuestros, los locales, los que sufrimos en el más
absurdo y absoluto silencio. Algunos ejemplos: los bares raramente
solos (en Bailén es noticia), el trabajo que no remonta el vuelo, la
multitud de empresas abocadas a una supervivencia precaria, o al cierre.
Pues eso.
Juan Risueño Lorente