DE CÓMO NOS DESANGRAMOS POCO A POCO 
 

Hace tiempo dejé de interesarme por periódicos y telediarios, hastiado de noticias foráneas que hacen hervir al corazón y duelen al alma.

Multitud de desgracias acontecen en el mundo cada día, y la inmediatez de la globalización y los medios de telecomunicación del siglo XXI nos las sirven con pelos y señales a la hora del desayuno, de la comida, o de la cena, o de cada boletín informativo de radio o TV, o mediante un avance si la magnitud de incidente así lo requiere según valoren los gestores de “share”.  Tantas y tantas desgracias no pueden dejar a nadie con un mínimo de sensibilidad indiferente. Y no quiero parecerlo. Pero no quiero hablar de lo que ocurre fuera. Con el paso de los años voy prestando más atención a lo cercano, a lo que nos rodea, a nuestro entorno más inmediato.  
 

Tengo la suerte de vivir en el pueblo en el que nací. Y digo suerte porque pude elegir volver a Bailén tras estudiar fuera en la universidad: tengo un trabajo que me permite vivir aquí. Y porque soy feliz con la vida que he elegido. Pero soy un privilegiado, y estoy muy preocupado por la situación que vivimos. 
 

Aquí tengo a casi toda mi familia. Y algunos de mis amigos de toda la vida. La mayor parte de los que no viven en Bailén es porque tienen sus trabajos fuera(o sus cónyuges/parejas). Igual que muchos paisanos. Muchos volverían a nuestro pueblo, si aquí tuvieran posibilidades de conseguir un trabajo similar al que tienen. Otros no, aunque serán los menos. La tierra siempre llama al corazón. Aunque algunos están volviendo, pero no por este motivo, sino por el contrario: han perdido sus puestos de trabajo. Pero volverán a irse cuando tengan la oportunidad, aquí no hay trabajo y no les culpo. Los que mantienen sus puestos difícilmente volverán. Aquí no hay opciones.  
 

El futuro en nuestro pueblo, que está en manos de esas nuevas generaciones, y es desalentador. Veo cómo no nos preocupamos de nuestros jóvenes. De la gente que son nuestro futuro. ¿Cuántos y cuántos jóvenes bailenenses terminan sus estudios medios y universitarios y tienen que emigrar si quieren trabajar? Tienen que buscarse la vida donde pueden, en otros pueblos, en otras provincias, en otras comunidades, en otros países. Y cada año más. Gente preparada, muy preparada. Gente válida. Buena gente. Nuestra gente. ¿Qué estamos haciendo?  
 
 
 

Aunque ésta es una reflexión importante, la que hoy quiero señalar es mucho más grave. La tan citada crisis económica está dejando literalmente “sin sangre” a nuestro pueblo, se está cebando con nosotros. 
 

La situación en Bailen es gravísima. Muchas empresas al borde de la ruina, arrastrando a sus trabajadores al desempleo y todos a la pérdida de los patrimonios personales. Muchas familias, mucha gente, pasando necesidades. 
 

Casi todos nosotros tenemos algún familiar o amigo en desempleo, o que siendo empresario o autónomo lo ha perdido todo, o está al borde del abismo. Igual cobra subsidio, insuficiente pero con el que se podrá mantenerse un tiempo, aunque esto también se acaba. Y si tiene casa, hipotecada por supuesto, estará apunto de perderla. En el peor de los casos ni casa ni dinero. Muchas familias pasando dificultades. El que pueda emigrará a buscar trabajo donde surja, aunque la situación económica nacional no ayudará. Dios quiera que alguien pueda amparar a los más desfavorecidos. Aquí también vuelvo a pensar ¿Qué estamos haciendo?  
 

Me acabo de enterar que nuestro alcalde (el primero, Bartolomé, que como tenemos dos hay que especificar), va a volver a la docencia parcialmente, para parcialmente también ir retirándose de la escena política. Han sido y son tiempos difíciles, muy difíciles. Pero los problemas que está sufriendo la gente del pueblo son graves, gravísimos, en algunos casos con severo riesgo de supervivencia. Y brilla por su ausencia la gestión política a todos los niveles, y en el caso de nuestro pueblo, mayúsculamente a nivel local. Soy consciente de la limitada capacidad de un Ayuntamiento muy endeudado, aunque así están la mayoría de Corporaciones Locales de este país que adolece de buenos gestores públicos. Pero algo hay que hacer. Algo que funcione. Que dé resultados. En empleo. En mantenimiento de empresas y negocios. En creación de riqueza. En futuro. Me crea una profunda pena ver como nuestros dirigentes más inmediatos se apean del camino y dejan de tirar del carro. A echarle la culpa a la crisis y verlas venir. Aunque nosotros fuimos los que los pusimos en sus cargos, nuestra es la culpa final. 
 

Se han hecho mal las cosas en el pasado lejano, en el pasado más reciente y en el presente. Pero eso no es excusa. Hay que actuar y cambiar el rumbo. Si no lo hacemos nosotros ¿Quién o va a hacer? Si las autoridades fallan, es tiempo que el pueblo tome la palabra. Tenemos que ser valientes para defender nuestro futuro. Habrá que gritarlo donde haga falta, aquí o en la radio o en la TV. En todos los medios. Habrá que salir a las calles, a protestar, a manifestarse, a hacer huelgas, con energía, con determinación. Hemos de tener la certeza de que si no asumimos esta responsabilidad nuestro mañana no amanecerá en Bailén. 
 
 
 

W L S CHURHILL

de Bailén