GRACIAS, ABUELO 
 

Sigo siendo lector diario de nuestro querido bailendigital.com y no me prodigo más por estos rincones de opinión y a veces no me resigno y dejo los artículos en mi mente porque no quiero levantar polémicas estériles. Hoy creo que a los españoles, a los andaluces, a los jiennenses y a los bailenenses sólo nos debiera preocupar una cuestión tan vital como es la nefasta situación de nuestra economía y en consecuencia las terribles cifras de paro que padecemos.

Hoy, tras leer el artículo de Cristóbal García Mira, no me he podido resistir y mira que ya lo hice cuando escribió el anterior. Quiero dejar claro que no me gusta para nada hablar de este tema, pero a veces al ser humano no le queda más remedio que hacerlo.

Mi abuelo Antonio López Nevado, a quien muchos bailenense conocían como “Picatoste” fue un soldado republicano que llego hasta la categoría de Teniente. En el tiempo que la vida nos permitió compartir nuestra trayectoria vital puede escuchar de su boca algunas historias de aquella guerra inútil que fue la vivida entre 1936 y 1939. De él nunca escuche una palabra de rencor, ni de odio, sólo aprendí que aquella fue la peor experiencia de su vida. A él le toco formar parte del bando republicano por circunstancias de la vida. A él le toco sufrir heridas de guerra causada en el frente. A él le toco ser prisionero de guerra y trabajar como tal en la construcción de la Academia de Infantería de Toledo. 

Nunca me hablo de buenos y malos, lo que si hacía siempre por activa y por pasiva era decir que ojala nunca se volviese a repetir. Por eso hoy me llama la atención que se hable de historias personales como puede ser la del Sr. Zarrias y que se diga que a Don Gaspar Zarrias se “le está fusilando verbalmente” por asistir a acto en defensa del juez Garzón.

Lo primero es que me parece que no se puede hablar de fusilamiento, tan sólo de pedir explicaciones a un servidor público que pertenece al poder ejecutivo y que está  asistiendo a actos donde se pretende presionar a los jueces del Tribunal Supremo y donde se les ataca sistemáticamente. Además con ataques falsos, pues en el acto al que se refiere Cristóbal García Mira el exfiscal Jiménez Villarejo se atrevió a decir que los jueces del Supremo habían sido miembros del Tribunal de Orden Público y por lo tanto los vinculaba a la dictadura. Pero curiosidades de la vida, esa afirmación resultó ser falsa y lo que si es verdad es que Jiménez Villarejo si que juro las leyes del movimiento cuando fue nombrado fiscal en el año 1962. Por eso Sr. García Mira, no voy a aceptar lecciones de democracia de nadie. Y menos aún de personas que se dedican a votar con los pies y con las manos en una institución como el Senado o de quienes amparándose en un supuesto interés general acometen inversiones con dinero público y debajo lo que se esconde es dar gusto a aficiones de ciertos familiares. De personas así lecciones, las justas y de democracia ninguna.

Está claro que hoy al juez Garzón se le investiga por tres delitos y lo que todos los demás, incluido Gaspar Zarrias, debemos hacer es callar y dejar que los jueces actúen con sus investigaciones y después impartan justicia. Eso es democracia.

Y respecto a abrir viejas heridas, mire usted los españoles nos dotamos de una Ley de Amnistía en 1977 y lejos de los que algunos han señalado ahora no era amnesia lo que se impuso. Afirmar que más que amnistía se trato de una amnesia es cuando menos falso y encierra una calumnia contra quienes se pusieron de acuerdo en traer la democracia a España y para ello prepararon una Constitución consensuada. No fueron cobardes, sino generosos.

Estas últimas palabras no son mías, son de Joaquín Leguina, socialista de pura cepa y que presidió la Comunidad Autónoma de Madrid y para que no se piense que se pueden sacar de contexto sus palabras, al final de esta reflexión reproduzco íntegramente el texto del artículo del Sr. Leguina y les rogaría a los lectores que dedicasen unos minutos a la lectura de este artículo.

En definitiva y para no alargarme, sólo pediría que de una vez por todas nos dejemos de enfrentamientos banales y dejemos trabajar a la justicia y a los jueces.  La separación de poderes es una base de la democracia y por lo tanto quienes están en el poder ejecutivo a gobernar y quienes están en el poder judicial a juzgar, pero que nadie piense que tiene un cheque en blanco y puede meter sus narices donde crea oportuno, no la ley está para cumplirse y los jueces son los primeros que deben cumplirla y cuando no lo hagan deberá someterse a la justicia, como todo español.

MIGUEL CONTRERAS LOPEZ

 
 

Enterrar a los muertos

Joaquin Leguina en EL PAIS 24 de abril de 2010

Todo ser humano -héroe o villano, decente o criminal- tiene derecho al duelo por parte de aquellos que lo amaron en vida. Y ese duelo exige la presencia del cadáver con el fin de poder enterrar dignamente los restos del difunto.

Ha quedado bien claro que en los dos bandos se practicó una enfurecida 'limpieza étnica'

Habría que ampliar el mutuo perdón y hacer que todos los muertos sean también de todos

Esa demanda, la del duelo, se transmite de padres a hijos. Así se constata en el caso de las fosas dejadas en campos y cunetas por la represión franquista. Han sido los nietos de los muertos quienes han reclamado -y reclaman- un entierro decente para sus abuelos. Este era -a mi juicio- el principal objetivo de la Ley de Memoria Histórica. Pero ¿qué ha hecho el Gobierno para cumplir esta ley desde que se aprobó? Si hemos de atender a lo que dicen los parientes de los muertos, el Gobierno ha hecho muy poco. Quizá por eso algunos deudos fueron a llamar a la puerta de Baltasar Garzón, quien, creyéndose competente para el caso, acabó por meterse en un lío de incierto destino.

Mas, sea como sea, este barullo judicial ha servido para colar algunos mensajes de muy dudosa calidad.

Mensaje nº 1: La Ley de Amnistía -como toda la Transición- fue hecha bajo presión, debido al miedo que producía el ruido de sables. Más que amnistía fue amnesia lo que se impuso.

Esto es falso y además encierra una calumnia contra quienes se pusieron de acuerdo en traer la democracia a España y para ello prepararon una Constitución consensuada. No fueron cobardes, sino generosos.

El proceso necesitaba de la previa reconciliación, por eso -y sólo para eso- se votó la Ley de Amnistía, cuya vigencia se pretende ahora negar echando mano de las normas del Derecho Penal internacional que declaran imprescriptibles los crímenes contra la Humanidad. Normas éstas que, según los especialistas consultados, no invalidan en nada la Ley de Amnistía de 1977.

En efecto, el único texto vinculante en materia de crímenes contra la Humanidad está en el convenio que se elaboró y aprobó en el seno de la Asamblea General de Naciones Unidas (Resolución 2391 -XXIII- de 26 de noviembre de 1968), que no contiene codificación alguna de normas de Derecho Internacional. Es un tratado-ley que sólo obliga a los Estados ratificantes, que han sido apenas una cincuentena, entre los que no está España ni Estados Unidos ni países importantes de la Unión Europea. Por lo tanto, la ley española de amnistía no se opuso a ninguna otra norma de origen internacional que la contradijese.

Por otro lado, el tratado por el que se instituyó el Estatuto de la Corte Penal Internacional establece en su artículo 11 que esa Corte sólo tendrá competencia respecto de crímenes cometidos después de su entrada en vigor, lo cual deja fuera los crímenes del franquismo y también, por cierto, aquellos que pudieran haber cometido -permitido- las autoridades republicanas.

En cualquier caso, ha quedado bien claro que en los dos bandos se practicó una enfurecida "limpieza étnica".

Y aquí llega el segundo mensaje perverso:

Mensaje nº  2: Los asesinados en la retaguardia republicana ya fueron "honrados" y sus victimarios perseguidos por el franquismo. Los únicos que ahora deben ser "honrados" -y sus asesinos juzgados- son los represaliados por el franquismo.

Lo que se consigue con un mensaje tan sectario es perpetuar la división. Precisamente todo lo contrario de lo que una persona bien nacida debiera desear. En efecto, lo que se debiera hacer es precisamente lo contrario, es decir, ampliar el mutuo perdón y hacer que todos los muertos -todos- sean también de todos. Que quienes cayeron bajo la represión en la retaguardia republicana no por cometer algún delito sino por ser (ser cura, ser militar, ser noble, ser rico, ser de derechas...) sean reivindicados por las gentes de la izquierda, y los asesinados por los franquistas sin haber cometido delito alguno, simplemente, ellos también, por ser (ser sindicalista, ser republicano, ser socialista, ser comunista...) deben ser reivindicados por las gentes de la derecha. ¿Con qué fin? Simplemente, para poder decir todos juntos: ¡Nunca más!

Mensaje nº  3: Todos los represaliados por el franquismo son héroes de la democracia y de la libertad.

Los ganadores de la guerra civil sostuvieron durante los años de la dictadura que "sus" muertos (1936-1939) en el frente o bajo la represión en los territorios fieles al Gobierno republicano eran "mártires de la Cruzada", afirmación que está tan lejos de la verdad como cerca de la propaganda.

Ahora, con parecido entusiasmo, se pretende que todos los enemigos del franquismo que fueron represaliados durante aquella interminable dictadura fueron "héroes de la Democracia".

Esta es, también, una afirmación sectaria, y por eso debe ser negada. Lo haré a continuación, a sabiendas del riesgo que corro con ello.

Vivir durante la guerra en la retaguardia republicana -nadie que se haya ocupado de ese asunto lo negará- representó para mucha gente un auténtico infierno de persecución y de muerte. Bastaría la lectura de la gran novela de Juan Iturralde, Días de llamas, para ilustrarlo. Y esa novela me lleva a un personaje -ligado a la UGT y al PSOE- que resultó ser un individuo siniestro: Agapito García Atadell, quien se hizo famoso en Madrid al inicio de la guerra civil como jefe de una de las Brigadas del Amanecer que operaban en la capital (también los de la FAI fueron maestros en "represión revolucionaria" y montaron, por ejemplo, una checa en el Cine Europa de la calle Bravo Murillo desde donde salían a dar paseos nocturnos y a llenar de cadáveres la Dehesa de la Villa). Estas pandillas -muy contentas de exhibirse armadas por la retaguardia y de no pisar el frente- aparecían de madrugada en los domicilios de la gente "de derechas" para dar el paseo a sus moradores y, de paso, "requisar" en su propio beneficio los bienes que encontraban en los registros de aquella casas.

Según se cuenta, Indalecio Prieto -que era ministro de la Guerra- dio la orden de detener al "compañero" García Atadell y a su cuadrilla, pero, quizá alertado, Atadell arrambló con todo lo que pudo y se fue a Marsella, desde donde tomó un barco con destino a Buenos Aires. Pero el buque hizo escala en Canarias y los franquistas (quizá avisados desde la zona republicana) lo sacaron del navío y lo tomaron preso.

Sabemos a través de Koestler (autor de El cero y el infinito), entonces encarcelado por los franquistas en Sevilla, que García Atadell estuvo en aquella cárcel y allí le dieron garrote. Probablemente, sus restos reposen en alguna fosa común de algún cementerio sevillano y ahora podrían ser exhumados... ¿Con honores?

¿Por qué no aceptamos la verdad de una puñetera vez? La inmensa mayoría de la derecha española renegó de la democracia durante la República y, desde luego, durante la guerra... Pero es que la izquierda, en gran parte, hizo lo mismo, tomando la deriva "revolucionaria". En cualquier caso, una guerra civil no es el mejor momento para la defensa de los derechos civiles ni para la discusión civilizada... "Es la hora de los hornos y no se ha de ver sino su luz", ¿recuerdan?

En fin, que entre tanto ruido se ha impuesto, al fin, una consigna según la cual "el PP se niega a reconocer la sangrante realidad de las fosas" (sic). Se llega así al último mensaje. Éste ya en clave electoral.

Mensaje nº  4: La derecha española es heredera y añorante del franquismo.

¿O sea, que casi la mitad de los votantes españoles prefieren el franquismo? No sé si los ideólogos que sostienen tal mensaje y tal barbaridad, son conscientes del disparate que perpetran con este tipo de propaganda sectaria.

Mas debo decir, para concluir, que somos muchos los que -hartos de simplificaciones- nos negamos a que la izquierda se reduzca a ser la mera expresión de una aversión, la aversión a una derecha a la que visten de maniqueo sin ningún rigor intelectual.

Joaquín Leguina es economista.