(SEGUNDA PARTE) LA CRUZ Y LA MEDIA LUNA -1 
 

            Sabía yo en mi fuero interno que el artículo escrito hace un tiempo, llamado LA CRUZ Y EL ISLAM, iba a tener segundas partes; y no creo ser adivino si digo que habrá terceras, cuartas quintas y… no sé cuantas partes más. Algo que ha sucedido en Córdoba me trae de nuevo a escribir sobre los polos de ambas palabras, la cruz, el islam.

            Decía en el anterior artículo que debe existir la reciprocidad entre ambas religiones, porque no puede ser que yo deje mi casa y el vecino no me deje entrar en la suya. Es decir, si ellos quieren mezquitas nosotros queremos iglesias. Si ellos quieren rezar en nuestras iglesias catedrales, nosotros queremos rezar en sus basílicas. Si ellos quieren tener los derechos que tenemos los autóctonos, ellos deben plegarse a la cultura occidental. No quiero que dejen la suya sino que no intenten cambiar la nuestra.

            Ya dije que para ser reconquistado de nuevo, no quiero serlo por el Islam ni por el islamismo, sino en todo caso prefiero a los romanos, su código y sus leyes. Y si me apuran mucho prefiero a los Tartessos que, al menos, estaban en Andalucía hace ya más 3500 años. En definitiva, prefiero lo que tengo a que vengan de fuera a imponerme otras cosas. No quiero para mi ni para mi familia, mezquitas, hychab, yadores, burkas, mujeres en la casa sin poder salir o haciéndolo sólo con un varón. Si ellos se pueden presentar a las elecciones en este país nuestro, yo quiero poder hacerlo en los suyos. Si ellos construyen mezquitas en mi país, yo quiero construir iglesias en los suyos. Si ellos pueden votar en nuestro país, yo quiero hacerlo en los suyos. Vamos, más claro el agua: todo lo que ellos hacen en mi país yo quiero hacerlo en el suyo. Esto se llama reciprocidad. Do ut des, (doy para que des).

            Todo lo que estoy escribiendo viene a cuento de los graves sucesos acaecidos en la Catedral de Córdoba, el Martes Santo. Sucedió que un grupo de 118 turistas austriacos llegaron a Córdoba a visitar la ciudad. Entraron por diferentes puertas a la Catedral, pagaron su entrada, como todos los visitantes de la misma y, una vez en su interior, un grupo no inferior a 12 personas se dedicaron a rezar en su interior. Cuando los guardias de seguridad les indicaron que el rezo musulmán está prohibido en las iglesias católicas y más aún en las catedrales, algunos de ellos desistieron, pero otros se enfrentaron a los vigilantes y a la policía, produciéndose heridos entre ellos y los vigilantes. Cómo es lógico suponer el altercado ha tenido repercusiones internacionales. Eso sí, el Obispo de Córdoba no ha declarado “la guerra santa” contra el infiel( tal y como sucedería si algún católico hiciera algo parecido en una mezquita y me acuerdo de Salman Rusdhie o de cualquier persona en los países musulmanes, multados y castigados por besarse en la playa, o del dibujante de la caricatura de Mahoma-¿qué no harían ellos si se hiciera con Mahoma algo parecido a las estupideces que se hacen con la cruz, con María, con Magdalena o con cualquier símbolo religioso católico?-, aunque sí ha indicado que la Catedral de Córdoba no es el lugar adecuado para la oración musulmana, por ser un templo católico. Para ser más exacto sus palabras han sido las siguientes: “El rezo islámico en la Catedral de Córdoba no es posible, porque no contribuiría a la pacífica convivencia de unos y otros”. Policías nacionales resultaron heridos de gravedad, debido al cuchillo de grandes dimensiones que portaba uno de los detenidos. A ambos detenidos se les ha retirado el pasaporte, uno de ellos de nacionalidad de Sri Lanka.

            La Junta Islámica de Mansur Escudero indica que el “altercado se produjo de forma violenta entre los que intentaban rezar y los policías”, al intentar estos impedir el rezo musulmán en la catedral. Indica también que “las formas distintas de culto no deberían ser un impedimento para que en un lugar declarado Patrimonio de la Humanidad haya un culto compartido, como en otros tiempos”. No sé a qué tiempos se refiere. Igual está hablando de cuando los árabes invaden España y en el siglo VIII, la iglesia de S. Vicente Mártir en Córdoba, fuera expropiada (por decir algo) y destruida y sus materiales reutilizados para el comienzo de la mezquita. Hay que conocer un poco la historia para no estar siempre volviendo a ella y padecer el mal del memoricidio. O sea que los musulmanes destruyen una iglesia, se hacen una mezquita, nosotros conquistamos la ciudad, unos pocos siglos después, no destruimos su mezquita, la hacemos catedral y ahora ¿quieren venir a rezar en ella? La verdad no entiendo a los musulmanes. A mi no se me ocurre entrar en una mezquita a rezar el rosario ni hacer una misa. ¿Porqué? Pues muy sencillo, no me dejarían. Es más, si lo intento igual estoy en la cárcel de ese país musulmán por unos pocos de años; por infiel. Y les voy a poner un ejemplo muy clarificador: Algunos de los lectores de este artículo seguro que han estado en Estambul y han admirado la catedral de Sta. Sofia. ¿Se puede rezar en ella? ¿No? ¿Por qué?. Pues porque hoy es Mezquita; algo igual a lo de Córdoba. Bien, veamos la historia: Cuando Mehmet II  conquista Constantinopla, la tarde del 29 de mayo de 1453 se dirigió a la que era la Iglesia Madre de la Cristiandad en ese momento, la Iglesia de Santa Sofía, convirtiéndola en Mezquita. Hoy está desacralizada, al igual que hizo con otras 42 iglesias del lugar: se les recubrieron los frescos, retiraron las imágenes y abrieron hornacinas orientadas a la Meca. A ningún católico se le ocurriría entrar en la catedral de Santa Sofía y empezar a rezar, por ejemplo, un rosario. No vale decir que los musulmanes han hecho lo mismo en la catedral de Córdoba. Las consecuencias serían la cárcel de inmediato y después, cualquiera sabe. Hasta la pena de muerte está escrita en los países islámicos para aquellos infieles que hagan proselitismo de otra religión que no sea la suya. 
 

            Cándido T. Lorite